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La guerra silenciosa entre Ventas y Operaciones: cómo los silos ejecutivos reducen el margen neto de una Pyme

  • Foto del escritor: Stradyk - Strategic Thinking. Agile Doing
    Stradyk - Strategic Thinking. Agile Doing
  • 22 jun
  • 2 min de lectura
El rol del CEO en la alineación de incentivos para disminuir fricciones internas y fortalecer la rentabilidad del negocio.
El rol del CEO en la alineación de incentivos para disminuir fricciones internas y fortalecer la rentabilidad del negocio.

Cuando una empresa supera cierta etapa de crecimiento —por ejemplo, al consolidar equipos especializados— aparecen nuevos desafíos organizacionales. La división por áreas permite ganar foco y eficiencia, pero también puede generar un efecto secundario poco visible: cada equipo comienza a optimizar sus propios resultados sin necesariamente considerar el impacto sobre el resto de la operación.


Uno de los escenarios más comunes ocurre entre áreas que tienen objetivos distintos pero dependen mutuamente para generar valor. Ventas busca responder al mercado y acelerar oportunidades de negocio; operaciones o producción necesita garantizar entregas sostenibles en costos, tiempos y calidad. Ninguna de las dos perspectivas está equivocada.


El problema aparece cuando los indicadores de éxito no están alineados.


En ese contexto, el CEO termina ocupando un rol operativo de mediador permanente: interviene para resolver tensiones internas, destrabar decisiones y equilibrar prioridades que deberían estar coordinadas desde el diseño del sistema de gestión, no desde la intervención constante del liderazgo.


La causa: objetivos que avanzan en direcciones distintas


En muchas empresas, estas fricciones no surgen por falta de compromiso de los equipos, sino por estructuras de incentivos que premian resultados aislados.


Por ejemplo, cuando el área comercial es medida principalmente por crecimiento en ingresos, puede priorizar oportunidades que aumenten el volumen del negocio sin tener visibilidad completa sobre el impacto operativo o la rentabilidad final. Del otro lado, cuando operaciones es evaluada exclusivamente por eficiencia o control de costos, puede priorizar estabilidad y limitar iniciativas que impliquen mayor complejidad para capturar nuevas oportunidades.


Con el tiempo, ambos equipos comienzan a tomar decisiones coherentes con sus métricas… pero no necesariamente con los objetivos globales de la empresa.


La solución estratégica: alinear incentivos para construir una visión compartida


Más que intervenir en cada conflicto, el rol del líder consiste en diseñar mecanismos que permitan que las áreas tomen mejores decisiones de forma coordinada.


Algunas prácticas que pueden contribuir a esa alineación son:


• Incorporar métricas de rentabilidad además del crecimiento

Complementar los indicadores comerciales con métricas asociadas al margen de contribución o rentabilidad permite incentivar decisiones sostenibles para el negocio, considerando no solo cuánto se vende, sino el valor que realmente se genera.

• Crear indicadores compartidos entre áreas

Asignar ciertos objetivos transversales —como retención de clientes, cumplimiento de promesas de entrega o satisfacción— ayuda a que diferentes equipos trabajen con una definición común de éxito.

• Establecer espacios de validación cruzada para decisiones estratégicas

En proyectos de alto impacto o cuentas clave, involucrar desde etapas tempranas a líderes de distintas áreas permite identificar restricciones, anticipar riesgos y construir propuestas más sólidas antes de llegar al cliente.


Cuando los incentivos dejan de competir entre sí, las conversaciones internas cambian de tono: las áreas dejan de defender sus métricas y empiezan a tomar decisiones pensando en el desempeño integral del negocio.

 
 
 

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